Cuando la tierra tiembla, mi refugio es el Eterno

Una experiencia vivida en Panamá, una oración nacida de la angustia y una reflexión sobre la fe, el miedo y la esperanza.

Hay experiencias que nos marcan profundamente. Momentos en los que la vida nos recuerda que no tenemos el control de todo y que, en cuestión de segundos, aquello que considerábamos seguro puede llenarse de incertidumbre.

Hace unos días, viví uno de esos momentos durante el fuerte sismo que sentimos en Panamá. Nunca imaginé que una experiencia así me haría comprender de una manera tan personal lo que significa buscar refugio en el Eterno.

El momento en que solo pude clamar a Hashem

Yo estaba en mi casa, almorzando, cuando comencé a sentir que la tierra se movía. Al principio pensé que era un temblor leve, pero pronto las lámparas comenzaron a balancearse con fuerza. Entonces comprendí que estaba sucediendo algo más serio.

Miraba a mi alrededor sin saber exactamente qué hacer. Intenté encontrar la llave de la puerta de hierro, pero no la encontraba. Sentía miedo, veía las cosas moverse y caer, y no sabía cómo iba a terminar aquel momento.

En medio de esa angustia, me aferré a la puerta y toqué mi mezuzá. Y entonces, desde lo más profundo de mi corazón, comencé a repetir:

«Hashem, ten misericordia, ten misericordia, Señor».

Eso fue lo que le dije al Eterno.

No me salían otras palabras. No estaba pensando en cómo expresar una oración bonita ni en qué decir. Solo clamaba por su misericordia. Mi corazón estaba angustiado y mi necesidad de buscarlo era más fuerte que cualquier otra cosa que pudiera pensar en ese instante.

No pensé enseguida en mis hijos. Lo digo con sinceridad, porque así lo viví. Mi primer impulso fue clamar al Eterno. En aquel momento de miedo, mi corazón se volvió hacia Él.

Hashem es mi refugio.

No escribo esto porque no haya sentido miedo. Lo sentí, y mucho. Lloré. No sabía qué podía suceder con mi casa ni cuánto duraría aquel movimiento. Pero, en medio de esa angustia, mi voz solo encontraba aquellas palabras: «Ten misericordia».

Cuando el movimiento terminó, vi algunas cosas caídas dentro de mi casa. Después intenté comunicarme con mis hijos y con mis familiares. También hubo dificultades con la electricidad y la señal del teléfono, y la preocupación continuó mientras intentábamos comprender lo que había sucedido.

Más tarde, cuando volví a sentir otro movimiento, el miedo regresó y lloré nuevamente. Fui a casa de mi hijo buscando un poco de tranquilidad, pero la noche fue difícil. Los nuevos movimientos mantenían a todos en alerta. Ver a los niños llorar y observar la preocupación de las familias me hizo pensar en cuántas personas estaban viviendo emociones parecidas a las mías.

Cuando la tierra deja de moverse, el corazón sigue alerta

Regresé a mi casa y revisé lo que había ocurrido. Encontré cosas fuera de su lugar y comencé a recogerlas poco a poco. No observé grietas, aunque sé que eso no garantiza por sí solo que una vivienda esté completamente segura.

Esa noche, cerca de las nueve, sentí otro movimiento fuerte. Grey, mi perrita, también reaccionó, y las dos corrimos hacia la puerta.

Fue un instante de angustia. Aunque el primer sismo ya había pasado, mi cuerpo seguía reaccionando como si el peligro pudiera regresar en cualquier momento.

Después de una experiencia así, descansar no siempre resulta fácil. Quieres dormir, pero cualquier ruido te pone alerta. Cierras los ojos y recuerdas lo que ocurrió. Te preguntas si volverá a temblar y deseas sentir nuevamente la seguridad que antes dabas por sentada.

Comprendí que el miedo no desaparece necesariamente cuando termina el movimiento de la tierra.

También pensé en los niños que lloraron, en quienes tuvieron dificultades para dormir y en las familias que todavía sienten preocupación. No debemos burlarnos de nadie por tener miedo. Cada persona procesa estas experiencias a su manera, y todos necesitamos comprensión, paciencia y apoyo.

Podemos confiar en el Eterno y, al mismo tiempo, reconocer que somos seres humanos que sienten temor.

Como docente, también comprendí la importancia de prepararnos

En mi trabajo como docente, he hablado con mis estudiantes sobre los desastres naturales y las medidas que debemos tomar para protegernos. Les he explicado cómo actuar y por qué es importante conocer las recomendaciones de seguridad.

Sin embargo, cuando me tocó vivir una experiencia así, también sentí miedo.

Esto me recordó que conocer las indicaciones es importante, pero también lo es practicarlas y prepararnos antes de que ocurra una emergencia.

Debemos conocer las rutas de evacuación, identificar los lugares más seguros, tener a mano una mochila de emergencia con agua, alimentos básicos, una linterna, medicamentos necesarios y un botiquín de primeros auxilios. También debemos mantenernos informados mediante las autoridades competentes y prestar atención a cualquier señal de daño en nuestras viviendas.

La fe nos da consuelo y fortaleza, pero tomar precauciones también es una manera de cuidar la vida.

No podemos controlar cuándo ocurrirá un sismo. Sí podemos aprender a responder mejor, ayudar a nuestros familiares y vecinos, y prepararnos con responsabilidad.

Mi refugio en medio de la angustia

Cuando recuerdo aquel momento, hay algo que permanece muy presente en mi corazón: mi clamor al Eterno.

«Hashem, ten misericordia, ten misericordia, Señor».

Esa fue mi oración. No necesité palabras complicadas. No tuve que preparar un discurso. Solo pude acudir a Él desde mi angustia.

El Salmo 91 habla de encontrar refugio bajo la protección del Altísimo y de sus ángeles que guardan nuestros caminos. Esas palabras tienen un significado especial para mí. Me recuerdan que puedo buscar al Eterno cuando siento temor, que puedo acercarme a Él tal como estoy y que no necesito esconder mi fragilidad delante de su presencia.

No puedo explicar todo lo que sucede ni afirmar que comprendo los propósitos de cada acontecimiento. Pero sí puedo hablar de mi fe, de mi gratitud por seguir aquí y de la esperanza que encuentro al confiar en Hashem.

Agradezco por mi vida, por mis seres queridos y por la oportunidad de contar lo que viví. Mi oración es que el Eterno tenga misericordia de Panamá, que acompañe a quienes atraviesan momentos difíciles y que conceda serenidad a todas las personas que todavía sienten temor.

Que podamos encontrar consuelo y fuerza para continuar.

Que esta experiencia nos haga más humanos

Ojalá que no tengamos que esperar a vivir una emergencia para acercarnos a los demás.

Que aprendamos a preguntar cómo están nuestros vecinos, a llamar a nuestros familiares, a escuchar a los niños y a acompañar a quienes se sienten vulnerables.

Que no minimicemos el miedo de otra persona solo porque nosotros reaccionamos de manera diferente. A veces, una palabra amable, una llamada o una mano extendida pueden aliviar un corazón angustiado.

La vida es valiosa. Nuestra seguridad importa. Nuestra salud emocional también importa. Y el amor al prójimo debe manifestarse en nuestras acciones cotidianas, no solamente en los momentos difíciles.

Hoy sé que podría volver a sentir miedo si la tierra tiembla otra vez. No necesito fingir que ya olvidé lo sucedido. Estoy aprendiendo a recuperar la tranquilidad, a tomar las precauciones necesarias y a continuar confiando en el Eterno.

Porque tener fe no significa que nunca vamos a sentir temor. Significa que, aun en medio del temor, podemos volver nuestro corazón hacia Aquel en quien encontramos refugio.

Aquel día, mis palabras fueron sencillas, pero nacieron de lo más profundo de mi ser:

«Hashem, ten misericordia, ten misericordia, Señor».

Y esa oración forma parte de mi historia. Una historia de miedo, sí, pero también de fe, gratitud y esperanza.

Que Hashem tenga misericordia de Panamá, cuide a nuestras familias y nos conceda sabiduría para prepararnos, compasión para ayudarnos y paz para continuar nuestros caminos.

Con fe, gratitud y esperanza,

Sandra Luz

Un espacio para volar en tus sueños. 💜🌙

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